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Los superhéroes existen

¡Estamos de celebración! Alex y sus compañeros ya están de vuelta en el campo base, a salvo. De milagro. Ha sido una experiencia durísima. El Chomolungma ha sacado las garras, y de qué manera. Unas condiciones de viento huracanado y a -40 grados les estaban esperando en el Collado Sur, al que llegaron después de haber peleado durante horas con ese mismo viento, que en lugar de dar una tregua como estaba previsto, no hacía más que aumentar.
Nuri, Furba y Pemba subieron directamente desde el C2 para encontrarse con Alex, Nurbu y Chhepal en el campo 3 y seguir para arriba juntos. Alex va en cabeza, animando al grupo y con la esperanza de que habrá una mejoría que les permita intentar la cumbre. Insista a sus compañeros a que hagan uso del oxígeno que llevan para el día de cima, se siente responsable de ellos y considera que hay gran peligro de sufrir congelaciones al subir en esas condiciones tan extremas. Deciden usarlo a partir de unos 7.700 metros. Alex tiene su reto personal, de subir sin oxígeno, clarísimo y está dispuesto a asumir los riesgos, pero ellos van con una mentalidad diferente, donde lo que prima no es el reto deportivo. Una vez en el collado, ni siquiera entre los seis, consiguen montar una tienda, incluso se les rompe alguna varilla, el viento les castiga y el sol está muy bajo.
Alex trata de encontrar una nueva varilla y para ello se asoma a un par de restos de tiendas, de las más de cincuenta que se encuentran desperdigadas a lo largo y ancho de este espeluznante lugar que es el Collado Sur, a 7.950 metros. Dentro de una de ellas encuentra el primer cadáver, dormido para siempre. Con ese encuentro, llega la primera señal de que aquello no pinta bien. Un poco más allá, se asoma a otra tienda en busca de algún cartucho de gas para poder calentarse algo, ya que no llevan sacos de dormir, y se encuentra con el segundo cadáver. Alex se gira, y analiza por un momento el panorama: sus cinco compañeros Sherpas enchufados al O2, peleando con el viento para mantenerse en pie, el sol poniéndose en el horizonte y la ventisca arreciando cada vez con más intensidad. La muerte acecha, no quiere acabar así. ¡Hay que salir de allí! Pide un walkie a pesar de la confusión, y consigue comunicar con nosotros en el campo base, nos explica la situación y le confirmamos lo que ya intuíamos, la meteo ha cambiado y hay que bajarse. Es la primera vez que oímos a Alex decir que la cosa está mal. Nos deja muy preocupados, si él dice que está mal, es que está fatal. El capitán siempre es el último en abandonar el barco, y Alex, como buen capitán, no inicia el descenso hasta que el último de sus compañeros lo ha hecho.

Peleando con todo lo que tienen consiguen llegar al campo 3, donde pasan la noche como mejor pueden, castigados por ese viento implacable y con el pronóstico de que, al día siguiente aumentará aún más. Se levantan temprano y prosiguen el descenso, agotados. Alex está otra vez en cabeza. Para ir más rápido, decide no pasar el descensor por la cuerda, tan solo un mosquetón que con una cinta a su arnés ofrece cierta seguridad, pero en caso de caída, no le frenaría hasta el siguiente punto de fraccionamiento de la cuerda, un tornillo de hielo anclado unos cien metros más abajo. Eso en caso de que nada se rompiese, lo cual sería de esperar dado el peso de Alex y la inercia adquirida durante una caída, y que se trataría de una frenada en seco. Pero Alex confía en no caer. La pendiente de unos 45-50 grados de inclinación es hielo vivo, pero él está más que acostumbrado a transitar por lugares mucho peores. Justo cuando está tratando de cerrar ese mosquetón en la cuerda, algo le golpea con fuerza por la espalda y le propulsa pendiente abajo. A medida que cae comprende que una avalancha le ha alcanzado y que sus posibilidades de sobrevivir son escasas. No sabe con seguridad si consiguió cerrar el mosquetón, si quedó abierto le esperan 500 metros de cada hasta la rimaya… Con frialdad, analiza la situación a medida que adquiere velocidad pendiente abajo, dando tumbos y volando por los aires. Súbitamente, frena en seco. Dolor intenso. “¡Bien, lo cerré”! piensa, “no estoy muerto”. Pero hay algo que falla…No puede respirar, ha sobrevivido a unos 100 metros de caída para morir asfixiado, colgando del arnés…La angustia se apodera de él por unos instantes, pero finalmente logra sobreponerse y volver a respirar. Está vivo, menos mal…Pero aun no puede cantar victoria ¡la avalancha no ha terminado! durante unos 10 minutos, un bombardeo constante de piedras vuelve a poner su vida en manos del azar. Otra vez ese pensamiento demoledor, frío, distante, carente de toda emoción, simplemente resignación y constatación de un hecho casi objetivo: “voy a morir”. Alex cierra los ojos y trata de protegerse como puede. De repente, todo cesa. Calma. Sigue vivo, así que no hay un momento que perder. Para abajo. Una vez en zona segura, se reúne de nuevo con Nurbu y Chhepal que iba unos cien metros por arriba. A Chhepal le ha alcanzado una piedra en la cabeza, produciéndole una amplia brecha. Su casco lo vimos días antes, olvidado en el campo base…Por suerte está lo suficientemente bien para bajar por su propio pie. Ahora solo queda volver a encomendarse a la suerte y atravesar lo más rápido posible la ruleta rusa de la cascada del Khumbu.
En unas horas nos encontramos con ellos en el principio del glaciar, en la zona que llamamos Marte. Si teníamos alguna duda sobre si Alex es un superhéroe después de este episodio, se han despejado por completo. Ni siquiera Alex se explica cómo puede seguir vivo. Cómo ha aguantado su cuerpo un impacto así. Cuantas veces ha estado en peligro extremo en los últimos días saliendo siempre con bien. Y lo que más nos impresiona, es que ¡su motivación sigue intacta! sus compañeros están prácticamente fuera de juego, pero a él ni siquiera se le ve reflejado en la cara el cansancio, ni la tensión. Sabe que el viento no le ha dejado dar lo mejor de sí mismo, tiene mucha energía aún en la recámara y, mentalmente, es capaz de sobreponerse a lo que sea.
Veremos que sucede en los próximos días… de momento a descansar y disfrutar de la alegría de estar vivos en el campo base del Everest.

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FUENTE: AVISTA MULTIMEDIA

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